Machote Episodio 4 – Reza mucho y cogele amor a la serendipia. 

A menudo solía quejarme de los días buenos y los malos, hasta que hubo uno en el que me sentí “hecha mierda”. Sí, todos lo hemos dicho. Sí, usted, santurrón, también lo ha pensado. Así que no venga con convencionalismos y quiera juzgarme, pero si quiere hágalo, ya a mí que no me interesa mucho lo que esa singular parte de su opinión me pueda a mí otorgar.

Y como le decía, me sentí tan mal que pensé “es el final”, me quedé en una esquina de mi cuarto en donde el piso se sentía más duro de lo normal y mi carne decidió por algún motivo abandonarme para dejarme al lado de mi columna vertebral, sintiendo el dolor en el alma pero también en los huesos.

Después de haber terminado esos días de enfermedad, y de angustia, había empezado uno de los más grandes proyectos que he decidido realizar, y me había renacido el ser tan glorioso que el mundo me había arrebatado. Me di cuenta de que las oraciones dan sus frutos, que la serendipia es mero plan de Dios que es desconocido a nuestras cortas vistas, y que puedo disfrutar de la belleza de mi vida, aunque esta tenga cariz a incertidumbre, porque al final que la fe elimina cualquier temor.

Si va a llover, mójate.

josh-calabrese-146257-unsplash

Para algunos, es necesario que una salida sea ostentosa. Yo la verdad, disfruto de las pequeñas cosas, de las casualidades, de un café o un helado, de treinta minutos o de quince. En esta ocasión escribo sobre un amigo. Fue gracioso cómo nos conocimos, porque cuando pensé que lo veía por primera vez, en realidad era la segunda. Verán, es compañero de mi hermana en la universidad, y ella ya me lo había presentado.

Por azar, nos cruzamos la calle al mismo tiempo al terminar nuestras clases de manejo. Yo lo había visto practicando y le pregunté cómo le había ido. Me dijo que bien, que ya aprendía a dominar el embrague. Luego añadí ¿Tu nombre? Wilson. ¿Y el tuyo? Amparo, o eres la hermana de Loanny. Ciertamente. En ese momento me di cuenta… fue muy hilarante ¡Qué pequeño es el mundo!

Al día siguiente, al terminar las clases, le dije que me acompañara a comprar un libro. Luego decidimos almorzar algo, pero terminamos solo tomando unas bebidas. En el café no había energía eléctrica, estaban trabajando con la planta. Se tardaron demasiado para recibir nuestro pedido, y mucho para entregarlo. Mi amigo sudaba, mucho, y le ofrecí mientras hacíamos fila que fuéramos mejor a otro lugar, a lo cual respondió: “está bien, no hay problema”. Me pareció interesante que desistiera un poco de la comodidad y a pesar de las circunstancias disfrutaba el momento.

Al final, terminamos disfrutando de un refrescante licuado y su limonada; ya que ama esa fruta. Y por supuesto, tuvimos una amena, plática.

El último día de clases, le ofrecí que fuéramos por helado (Si quieren hacerme feliz, regálenme). Pero parecía que iba a llover así que prudentemente le dije que lo podríamos hacer otro día, dijo que no le importaba mojarse. Fuimos por helado, yo por chocolate y él por… sí, limón. De nuevo, conversamos acerca de trivialidades, y un par de datos profundos. Al final que no llovió, y Wilson se quedó con las ganas de ver las gotas caer.

La sencillez de mi amigo, me recuerda, que las ocasiones más bonitas suceden cuando desistimos de vanidad, y acogemos la espontaneidad.

Con amor a la serendipia,

Amparo Cribas.

Pueden escribirme en estos comentarios o enviarme un correo a nykollcribasc@gmail.com

Me encantaría conocer su opinión;

es  única y valiosa.

¡Saludos a mis lectores de Honduras, Estados Unidos, Colombia, México, Perú, El Salvador, España, Argentina, Costa Rica, Venezuela, Canadá, Uruguay, Panamá, Guatemala & República Dominicana!