Machote episodio 20 – Después de enojarme con Felipe

No me gusta pelearme con nadie, but we cannot take control over everything that is going on. Después de enojarme con Felipe… Sentí un cambio repentino de ambiente. Me hizo tomar decisiones que no acostumbro a elegir.

Arrebaté una hoja de un sendero desconocido, tomé tinta del púrpura engreído y drené en una conversación inesperada lo que justamente veía venir.

Las pláticas cortas a veces son “esenciales” y por así serlo, “lo mejor del mundo, mundiales”. Las ideas fluyeron, escribí un poco y escuché la canción de un nuevo artista. Todo, ha valido la pena. 

Regresé a Felipe, le vi sus jaspes en llama ardiente y le pedí perdón… entre palabra que escupía en seda, su voz a la mía llega, el jaspe zanahoria ahora parece arándano y nuestras luces han decidido apagarse en carrillos, pisos, y úvulas.

Espero disfruten de un relato poético, que describe, la ira, indulgencia y en ello, amor,

Amparo Cribas.

¡A perdonar!

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Sin duda alguna ser indulgentes es una de las cualidades humanas que más nos cuesta desarrollar. Estar enojados a veces puede considerarse como algo normal y justo, pero a la vez puede causar mucho sufrimiento, más aún cuando nos resentimos y somos rencorosos. En la carta del apóstol Pablo a los Efesios el versíulo veintiséis nos insta a olvidar rápido.

«Si se enojan, no pequen.» No dejen que el sol se ponga estando aún enojados,… (NVI)

Teniendo a un Dios que nos perdona una y otra vez la misma historia, lo mínimo que podemos hacer es ser más tolerantes entre sí. Perdonar es hermoso, y cancelar trabas es aún mejor; es olvidar, y quitar esas fatigas de nuestro camino. ¿Pero cómo puede ser esto posible? A través de la oración encontramos nuestra respuesta. Cuando oramos al Padre y le entregamos las pequeñas peleas del día, él nos llena con su espíritu misericordioso dispuesto a reiniciar, (sí, desde cero)  para que sea él quien rinda cuentas y no nosotros. Debemos darle el control, es decir confiar en que él obrará en la vida de nuestro prójimo conforme a su perfecta voluntad.

Cuando decidimos perdonar y olvidar las fallas de nuestros hermanos nos llenamos con libertad, con alegría, con gozo, y por supuesto con capacidad para amar sin límites así como Cristo siempre lo ha querido.

¡Construyamos paz! 

Con amor,

Amparo Cribas.